Franco Ariza:
Artesano del Tiempo
 
“Me gusta hacer baldosas, sino no estaría acá”, declara Franco Ariza, de 28 años, Limeño del área de Barranca, padre de una hija de 7 años que vive en Perú.
 
Este joven gracias a su talento innato, se inició como “lisero” adiestrado primero por el maestro Bustamante y pronto se incorporó como aprendiz del maestro Juan Ibarra, el artesano “cortador” más antiguo de Baldosas Córdova. A su lado adquirió los secretos de este noble oficio que depende de manos como las suyas para materializar las creaciones de color y formas que ninguna máquina es capaz de emular, pues está en la magia que se produce baldosa a baldosa el registro de lo único. Ninguna baldosa es igual a otra.
 
Nacido y criado en la zona de Barranca, en la ciudad de Lima, Franco vio espacio de mejores posibilidades transformándose en inmigrante en Chile. Podría haber trabajado en muchas cosas al llegar a Santiago, sin embargo tuvo la suerte de que su vecino en Perú, Cristián Bustamante ya estaba en Chile trabajando hace algún tiempo como artesano en Baldosas Córdova. Se fue a probar y quedó. Lleva tres años ya como maestro “cortador”, y se ha convertido en uno de los mejores. Se le nota que aprecia su labor, no sólo porque es su trabajo, el que emprende a las 7:30 de la mañana cada día, sino porque es un desafío diario, “me gusta hacer las más difíciles, las que me toman mas tiempo”; declara con el rostro alegre de sus 28 años.
 
Anhela volver a Lima para ver crecer a su hija, quizá por eso se casó con mujer peruana y no chilena, ya sabemos que el hombre se ancla en su madurez donde su mujer quiere su hogar. Sería una pérdida para la empresa verlo partir, reemplazarlo no es una posibilidad, no se reemplaza el trabajo de un artesano, solo su lugar lo ocupa otro artesano que ame su labor. Eso lo aprenden los hombres recios que trabajan con delicadeza estas piezas de arte, instruidos por los maestros antiguos, heredando su oficio, aprendiendo con humildad de los mayores. Eso le pasó a a este hombre joven, Franco Ariza, que se yergue orgulloso y que quizá no deje a Baldosas Córdova y sea un día un maestro antiguo que entrenará a los próximos jóvenes que lleguen como él llegó a Santa Rosa 2018, en el corazón de la ciudad, buscando no sólo un trabajo, sino un oficio.
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